Ubicado en el distrito peruano de Nepeña en el departamento de Ancash, se encuentra el sitio arqueológico de Pañamarca, un testigo del pasado que se encuentra inerte al lado del rio que lleva el mismo nombre del distrito, en medio de las verdes tierras de la zona que son utilizadas para el cultivo y que indirectamente nos mostrarían por qué los pobladores de la época del Perú antiguo habrían elegido esta zona para asentarse.

Este sitio está lleno de colinas, las cuales sirven como base para el reposo de las construcciones antiguas de adobe, las cuales se encuentran más juntas de lo habitual en comparación con otras culturas y que se dividen en varios niveles, se cree que estos lugares habrían sido parte de un templo o de una estructura administrativa bastante importante en la zona.

Detalles de Pañamarca

Uno de los detalles que resalta en el sitio arqueológico de Pañamarca son las pinturas que se encuentran en los muros cubiertos de arcilla, las cuales nos muestran escenas de peleas entre los hombres y algunos seres mitológicos, las cuales fueron pintadas con colores minerales, que no habían sido matizados, teniendo tonos totalmente planos.

Aparte de la estructura principal considerada como templo, se encuentran algunas otras más que se catalogan como fortalezas, esto se debe a que se encuentran ubicadas en zonas estratégicas que permiten la defensa ante cualquier invasor que se aproxime, además se encuentran rodeadas por altos muros y también con escaleras que son de difícil acceso y van bastante empinadas, todos estos detalles permiten a los investigadores saber un poco más de cómo era que los antiguos mochicas edificaban y planificaban sus pequeños poblados.

Entre lo que se encontró en este lugar, se destaca los restos o basura si se le podría llamar así, dentro del edificio principal en el centro, lo que supondría que no cualquiera podía vivir aquí, siendo de uso exclusivo para los sacerdotes, maestros artesanos, elite, o algunas personas de importancia junto a sus sirvientes. La belleza de los muros que nos muestra la importancia del sitio, y también indica que el centro se habría usado para importantes ceremonias que reunían a gente proveniente de todo el valle para su participación en los eventos.

Cosas en las que destaca Pañamarca

Este sitio también destaca por ser muy distinto a otros de la época tardía, los cuales estaban más enfocados en lo urbanístico, dejando de lado la construcción de grandes templos o elegantes estructuras para la adoración de los dioses, dando prioridad a las viviendas y habitaciones.

Se le atribuye la construcción de todo este sitio a la cultura mochica y se cree que tiene aproximadamente 1500 años de antigüedad.

Los muros de Pañamarca

Entre los detalles que se destacan en esta zona tenemos a los dos muros, Shaedel y Bonavia, ambos analizados por los colores que muestran en sus figuras y que detallaremos un poco más a continuación:

Mural Shaedel

Lleva su nombre por Richard Schaedel, quien en el año 1951 decidido estudiar este mural y darlo a conocer al mundo, el mural se encuentra pintado por colores de origen mineral con un tono bastante vivo y entre los que se pueden destacar, el rojo, azul oscuro, el gris, el negro, el amarillo y el marrón, destacándose que no se utilizaron matices para el pintado y que los motivos o las figuras habrían sido hechas sobre una capa de elucido que se sabe era de tono claro y esto habría servido como una técnica propia de la cultura para poder resaltar a los demás colores.

En las figuras que se pueden observar en este muro se encuentran escenas en donde se ve a los altos mandos o figuras importantes acompañados de todos sus servidores, así como también a personas vistiendo trajes muy elegantes y llevando consigo algunos objetos que se consideran como emblemáticos de la cultura, entre estos objetos se puede mencionar al Tumi el cual era una especie de Hacha ceremonial o cuchillo que se cree habría sido usado en los sacrificios.

Mural Bonavia

Fueron dos investigadores quienes notaron por primera vez la presencia de este mural, Horkheimer y Gonzalo de Reparaz, ambos se dieron cuenta de su existencia al revisar la zona luego de que un grupo de “huaqueros” la habrían encontrado por accidente al excavar en el lugar en busca de piezas para vender en el mercado negro, fue por el año 1958 que ocurrió este hallazgo.

Gonzalo de Reparaz para ese entonces trabajaba como representante de la UNESCO, y se juntó con Ducio Bonavia para realizar un análisis de este mural, pero lamentablemente al lugar no se lo conservo y protegió como se debía por lo que años después de su descubrimiento solo quedaban algunos restos de la pintura, la única muestra de esto son las fotografías que se tomaron en aquel entonces del muro hasta el año 1963, pero gracias a Félix Caycho, un reconocido artista, la escena fue documentada y replicada para su estudio y apreciación.

En la pintura se puede observar personas con características no humanoides, sino sobrenaturales, estos estarían acompañados de sus sirvientes y siendo llevados en procesión, detrás de esta figura poderosa se puede observar imágenes de sacrificios humanos, una costumbre muy antigua que se realizaba en los templos y con cuchillos ceremoniales para pedir bendiciones a los dioses y calmar su ira. Fue Federico Kauffmann Doig, un reconocido arqueólogo e investigador de las culturas peruanas quien años más tardes llevaría a cabo una descripción exacta del mural para su perduración en el tiempo.