El verdadero idioma de los incas por muchos años se ha creído que ha sido el quechua. Sin embargo, estudios recientes confirman que lo que hemos considerado verdad durante mucho tiempo, ha sido simplemente una confusión o el deseo de adoptar al quechua como lengua general que la mayoría de pueblos del antiguo Perú o Tahuantinsuyo hablaban.

La pregunta que automáticamente surge es, si lo incas no hablaban quechua, ¿entonces en que lengua se comunicaban? Para responder esta interrogante, primero se debe dejar totalmente claro que la palabra “inca” solo hace referencia a los gobernantes y a sus familias, más no a toda la población que habitó el Tahuantinsuyo, el resto de la población es conocida con el nombre de “indios”, “indígenas” o “quechuas”. Habiendo dicho esto, es claro que cuando se pregunta cuál es el idioma que hablaban los incas, se está preguntando cual es el idioma que hablaban los gobernantes, los cuales se consideraban así mismos de origen divino. 

De antemano se sabe que las 2 lenguas comunes del antiguo Perú fueron el quechua y el aimara. El quechua con una mayor presencia en todo el territorio y el aimara con una fuerte presencia especialmente en los andes y el altiplano del sureste peruano. No obstante, estudios demuestran que existió otra lengua de la cual solamente quedan algunas palabras que se “quechuisaron” o “aimarisaron”, es decir que esas palabras se incluyeron dentro del quechua o del aimara.

La lengua particular

El Inca Garcilaso de la Vega (un escritor mestizo que habló quechua y castellano) escribió en su famoso libro “Los comentarios reales de los Incas”, que existen varias palabras que no significan absolutamente nada en quechua ni en aimara y que por lo tanto desconoce su significado. A estas palabras las llamó, palabras pertenecientes de la “lengua particular”, refiriéndose así a la lengua que hablaban los gobernantes entre sí y que las personas del pueblo no estaban autorizadas a hablarla y ni siquiera aprenderla. Esta vendría a ser el verdadero idioma de los incas. 

Otras palabras que pertenecen a la lengua particular son por ejemplo Cápac y Manco. También existen palabras muy famosas como cusco o inti, que tampoco pertenecen al quechua o al aimara. Entonces por descarte, pertenecen a la lengua particular. Esto quiere decir que el significado de la palabra cusco se desconoce, sin embargo, el Inca Garcilaso de la Vega le dio un significado y determinó que sería “el ombligo del mundo”, algo que sin duda es simplemente un invento del mismo escritor, en su afán por darle un significado a la capital del imperio inca.

Puquina, el idioma de los incas

Existe un decreto de 1575, que el mismo Virrey Toledo hizo en Arequipa, en donde se establecen las lenguas oficiales del Virreinato español. Estas lenguas fueron el quechua, el aimara y el puquina. Sin embargo, la única lengua que no ha sobrevivido al tiempo ha sido el puquina. Las teorías más aceptadas son que al desaparecer la clase gobernante también desapareció esta lengua y la otra teoría que sostiene que los evangelizadores prefirieron utilizar solo el quechua y el aimara, porque los hablantes de puquina ya hablaban alguna de esas 2 lenguas y así se ahorraron el trabajo de traducir los documentos religiosos.

Gracias a esto, es que por descarte se puede decir, que la lengua particular que se menciona en distintos libros es el puquina y gracias a la toponimia, se ha podido hacer un mapa de su origen y extensión. Es así como se ha determinado que el puquina nace en el lago Titicaca (algo que encaja perfectamente con lo que se cuenta en la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo) y se extendió hacia la costa y sierra central del Perú y hacia el norte de chile).

Con estos resultados se puede afirmar que el verdadero idioma de los incas fue el puquina. Algo que también sorprende, es que la segunda lengua que aprendieron los incas no fue el quechua, sino el aimara, porque los waris habían traído esa lengua de la costa sur del Perú. Los Incas aprenden quechua después de derrotar a los chancas, que eran el pueblo más grande que hablaba esa lengua. Todo esto sin duda es motivo suficiente para reescribir la historia y empezar a enseñar a las nuevas generaciones un relato más coherente de lo que pudo haber sucedido en el antiguo Perú.