Uno de los complejos arqueológicos más resaltantes del sur de Perú es el de Piquillacta, cuyo nombre viene de la lengua quechua y quiere decir el pueblo de las pulgas, nombre muy curioso para un complejo de tiempos antiguos. Este lugar está formado por varios restos que nos muestran una ciudad que tuvo su apogeo en el Antiguo Perú, en el Perú de la era prehispánica, ubicándose en Cuzco, el ombligo del mundo, más exactamente en el distrito de Lucre, en Quispicanchi, a tan solo unos km de la ciudad imperial, ubicándose en una altitud de un aproximado de 3200 msnm y con una extensión que llega a bordear las 50 hectáreas, siendo bastante grande para su ubicación.

Se cree que este complejo arqueológico tuvo un rol muy importante en la zona, puesto que perteneció a la cultura Wari, hace unos 1500 años, lo que destaca de este complejo es la manera en la que sus construcciones se encuentran distribuidas, puesto que muestran a simple vista un urbanismo bastante planificado para su época, lo que destaca una de las cualidades de los wari en este aspecto. Según algunos investigadores, este complejo se habitó hasta los tiempos de los incas, pero esta teoría aun esta por verificarse puesto que no se han encontrado pruebas concretas que lo demuestren, pero las fechas dan un indicio de esto.

Estudios del complejo arquitectónico de Piquillacta

Luis A. Pardo fue el primer hombre en dedicarse a realizar un estudio del lugar, elaborando luego de mucho trabajo varios planos que detallan todo el complejo, labor que realizo por el año 1937, luego de el tenemos a Emilio Harth Terré quien se dedicó a realizar reconocimientos sobre la superficie del lugar, siendo uno de los primeros que lo relacionaría con los incas, según su investigación el lugar habría servido como un granero de inmensas proporciones que era de mucha importancia para la administración del imperio de los incas.

Luego John Rowe, llega al lugar y relaciona los restos con la cultura Wari, puesto que encuentra semejanzas en la arquitectura del lugar con la de los waris de Ayacucho. Mas adelante llegarían Sanders y Gordon F. McEwan quienes encuentran indicios de una gran ocupación humana del lugar en la antigüedad, por lo que suponen que no era de poca importancia para el imperio.

Restos hallados en Piquillacta

En Piquillacta se puede sentir la impresión que el lugar habría sido bastante planificado en lo que respecta al urbanismo, puesto que sus calles y construcciones están bien distribuidos para el paso de la gente y los animales, la geometría del lugar nos muestra una armonía muy propia de los wari la cual así alcanza la perfección, detalle que se puede observar en las formas cuadradas de todas las edificaciones que componen el complejo, estas además están hechas en piedra que no fue tallada y también de barro. Los muros del complejo en algunos lugares llegan a alcanzar los 12 metros de altitud, lo que le da simple vista una impresión de ser un fuerte, o alguna fortificación de uso militar, pero varios estudios sugieren que no fue así.

Los restos en la zona están compuestos por cerca de 700 edificios, 200 canchas y un aproximado de 500 almacenes que también fueron llamados Colcas y los cuales se cree que fueron las viviendas de los pobladores del lugar, hay algunos otros edificios que aún están bajo estudio para determinar su uso.

También se puede apreciar que utilizaron el yeso para recubrir las paredes de algunas viviendas, también fueron pintadas luego de ser recubiertas con este material, las pinturas muestran figuras antropomorfas y según los estudios que se han realizado en algunas de las casas, se cree que pudieron haber llegado a construirlas de hasta 3 pisos, lo cual sería un indicador de que los habitantes de este complejo estaban bastante desarrollados en comparación a otras culturas contemporáneas, siendo la población total estimada del lugar un total de 10000 personas.

Luego de las viviendas se puede observar un área que esta cubiertas por murallas, la cual contiene cerca de 500 recintos de forma circular que se asemejan muchísimo entre sí, cada uno de ellos es de unos 4 metros cuadrados y cuenta con una sola puerta, según se cree estos habrían servido como graneros o depósitos para los habitantes del complejo, pero según algunos investigadores estas construcciones habrían servido como guarniciones militares o viviendas para trabajadores temporales, lo cierto es que no se sabe con exactitud la utilidad de estas construcciones.

Los wari en el complejo

Fue por el año 700 que este lugar llego a su máximo esplendor, siendo una época en la que la gente iba y venía de este lugar, siendo frecuentada por artesanos o trabajadores que realizaban trabajos temporales en la ciudad para luego volver a sus tierras, lo más impresionante es que toda esta gente se abastecía de agua por unos canales subterráneos que llegaban a todas partes del complejo, dato que nos hace creer una vez más en lo avanzada que era esta civilización.

Si el lugar fue un centro administrativo de la cultura wari, entonces se cree que la función de este habría sido más de una puesto que su ubicación que al igual que otras propiedades de los waris, está en una zona clave para el imperio, tal vez el lugar sirvió tanto como centro para llevar a cabo ceremonias como una residencia para las personas más importantes del imperio. Cualquiera que sea el misterio detrás de este complejo, no dejará de asombrarnos con los descubrimientos, sin duda alguna un sitio que requerirá muchos años más de trabajo para saber a ciencia cierta.